Como paso previo para ver con más detalle las distintas teorías
cuánticas de campos, conviene detenernos en una idea central de la física:
la simetría.
A lo
largo de la historia, las simetrías han pasado de ser intuiciones de carácter
geométrico o estético a convertirse en principios fundamentales que determinan
la forma y el comportamiento de las leyes físicas. En este capítulo veremos las simetrías más relevantes en física
y cómo se relacionan con conceptos clave como las leyes de conservación, la
violación de la simetría y la ruptura espontánea.
El concepto de simetría.
En física, una simetría es una transformación que deja
invariantes las propiedades
esenciales de un sistema.
El papel
central de la simetría en la física
se consolidó gracias al teorema de Emmy
Noether, formulado en 1916, que establece que a toda simetría continua
le corresponde una ley de conservación.
Es
importante subrayar que esta relación no es universal: el teorema de Noether se aplica únicamente a simetrías continuas, es decir, a aquellas cuya transformación
depende de parámetros que pueden variar de forma continua.
Clasificación de las simetrías en física.
Las simetrías pueden
clasificarse siguiendo distintos criterios complementarios:
Simetrías según su naturaleza física o geométrica.
Desde este punto de
vista, las simetrías se clasifican según el tipo de transformación que deja
invariantes las leyes físicas:
Simetrías clásicas.
Simetrías discretas.
Simetrías gauge.
Simetrías según su alcance en el espacio y el tiempo.
De manera
independiente, las simetrías también pueden clasificarse según cómo actúan en el espacio-tiempo:
Una simetría es global
si la transformación actúa de la misma forma en todo el espacio y en todo
instante de tiempo. Las simetrías
clásicas y las simetrías discretas
son, en este sentido, simetrías globales. Aunque puedan aplicarse al estado de una partícula concreta, su definición
como simetrías de la naturaleza es siempre global.
Una simetría es local
si la transformación puede variar libremente de un punto a otro del
espacio-tiempo. Conviene aclarar que
“local” no significa “parcial” ni “limitado a un objeto”. Las simetrías gauge son, por definición, simetrías locales.
Simetrías según la estructura
del parámetro de transformación.
También pueden
clasificarse según la naturaleza de sus parámetros:
Simetrías continuas.
Dependen de parámetros
que pueden variar de forma continua y están asociadas a leyes de conservación
en el sentido del teorema de Noether.
Las simetrías clásicas y las simetrías gauge pertenecen a esta
categoría.
Simetrías discretas.
Involucran transformaciones
finitas o “saltos” definidos, por lo que no entran en el ámbito de aplicación
del teorema de Noether.
Además de
los criterios anteriores, las simetrías también pueden clasificarse según su
grado de validez en la naturaleza. Algunas simetrías son estrictas, es
decir, se cumplen sin excepción en todos los procesos físicos conocidos y dan
lugar a leyes de conservación rigurosas, como ocurre con la conservación de la carga eléctrica.
Otras simetrías son aproximadas, válidas solo en ciertos regímenes de energía
o como primeras aproximaciones, y pueden verse ligeramente violadas en
interacciones más fundamentales. Este carácter exacto o aproximado de una
simetría resulta clave para comprender tanto las leyes de conservación como sus
posibles violaciones.
Las simetrías clásicas.
Son simetrías globales y continuas. Resultan especialmente
intuitivas y visibles, pues están directamente relacionadas con las propiedades
geométricas del espacio y del tiempo. Entre las más importantes se encuentran:
Traslación espacial: Invariancia ante
desplazamientos → conservación del momento lineal.
Rotación espacial: Invariancia ante giros
→ conservación del momento angular.
Traslación temporal: Invariancia ante
desplazamientos en el tiempo → conservación de la energía.
Estas
simetrías constituyen el armazón invisible de la física clásica y garantizan la
regularidad y estabilidad de los fenómenos naturales.
Las simetrías discretas.
Son simetrías globales y discretas. Actúan sobre los estados
físicos de un sistema y no están asociadas directamente a leyes de conservación
mediante el teorema de Noether. Las
más relevantes son:
Paridad (P): Intercambia izquierda y
derecha, como en una reflexión especular.
Conjugación de carga (C): Transforma una partícula en su antipartícula, invirtiendo el signo de
los principales números cuánticos
aditivos que distinguen partículas de antipartículas, entre ellos la carga eléctrica. En el capítulo
dedicado a las antipartículas
veremos con más detalle estos números cuánticos.
Tiempo (T): Invierte el sentido del
tiempo, como si la evolución del sistema se reprodujera hacia atrás.
Durante mucho tiempo se creyó que todas las leyes
fundamentales respetaban estas simetrías. Sin embargo, experimentos del siglo
XX demostraron que no siempre es así.
Las simetrías gauge.
Son simetrías locales y continuas. No son intuitivas como las clásicas y discretas, sino que son transformaciones más abstractas que operan
sobre las propiedades internas de las entidades físicas, y dan lugar a las
interacciones fundamentales.
Ya en el
siglo XIX, con la unificación de la electricidad y el magnetismo por Maxwell,
se descubrió que los potenciales electromagnéticos no son únicos: pueden
transformarse mediante una transformación
gauge U(1) sin alterar los campos eléctrico y magnético observables. Es
decir, la formulación del electromagnetismo en términos del potencial es invariante bajo una transformación gauge.
Esta invariancia convive con la conservación
de la carga eléctrica, que en el electromagnetismo clásico se deduce
directamente de las ecuaciones de Maxwell.
En la
física moderna, las interacciones descritas por el modelo estándar se entienden como el resultado de imponer simetrías gauge en el marco de las
teorías cuánticas de campos:
Electrodinámica cuántica (QED). La simetría gauge U(1) actúa sobre la carga eléctrica de
las partículas. De manera intuitiva, podemos decir que esta simetría genera el campo electromagnético y el fotón
como su partícula mediadora. Al mismo tiempo, esta simetría está asociada a
la conservación de la carga eléctrica,
de forma análoga a como ocurre en el electromagnetismo clásico, donde la
conservación se deduce de las ecuaciones de Maxwell.
Teoría electrodébil. La simetría gauge SU(2)
× U(1) establece la estructura matemática que unifica la interacción electromagnética y la
interacción débil dentro de un único marco teórico. Esta simetría genera
los campos mediadores de estas fuerzas, y predice la existencia de los
bosones W–, W+ y Z0, junto al fotón.
Cromodinámica cuántica
(QCD).
La simetría gauge SU(3) garantiza la invariancia frente a
transformaciones que intercambian los distintos “colores” de los quarks. Esta
simetría está asociada a la conservación de la carga de color y da lugar
a los gluones, las partículas mediadoras responsables de mantener unidos
a los quarks dentro de protones, neutrones y otras partículas compuestas.
Las
simetrías gauge U(1), SU(2) y SU(3) constituyen la base del modelo
estándar y permiten describir de manera unificada y consistente las
interacciones electromagnética, débil y fuerte; mostrando cómo las fuerzas fundamentales emergen directamente de principios de
simetría.
El carácter global de
una simetría.
Además de clasificarse
por su naturaleza física o geométrica, las simetrías pueden caracterizarse por
su alcance. En este contexto se
habla de simetrías globales, un término que no designa una nueva familia
independiente de simetrías, sino una forma particular en la que una simetría
actúa sobre los sistemas físicos.
Ya hemos
visto que una simetría global es aquella cuya transformación se aplica
de la misma forma en todo el espacio y en todo instante de tiempo. Es decir,
todos los sistemas físicos del universo se transforman de manera uniforme bajo
dicha simetría, con independencia de su posición o del momento en que se
consideren. Acabamos de ver que tanto las simetrías
clásicas como las discretas se
consideran simetrías globales.
Es
importante subrayar que el carácter global
de una simetría no implica que deba aplicarse simultáneamente a todos los
objetos en un experimento concreto, sino que, como principio físico, su
definición y validez son universales. En este sentido, “global” describe el
alcance de la simetría como propiedad de las leyes de la naturaleza, no como
una limitación práctica de su aplicación.
Las conservaciones
globales.
Además de las simetrías
propiamente dichas, existen cantidades
físicas que se conservan en
todos los procesos conocidos. No son simetrías en sí mismas, sino magnitudes
cuyo valor total permanece constante a lo largo del tiempo. En física de
partículas, muchas de ellas reciben el nombre de números cuánticos aditivos.
La
conservación de estas magnitudes está estrechamente relacionada con invariancias
continuas de las leyes físicas, tal como establece el teorema de Noether. Por ello, aunque no constituyen
transformaciones, las conservaciones asociadas a los números cuánticos aditivos reflejan propiedades profundas de las
teorías físicas.
Estas
conservaciones tienen un carácter global: el valor total de la magnitud
conservada es el mismo antes y después de cualquier proceso físico, con
independencia de dónde y cuándo tenga lugar. Por este motivo se habla
habitualmente de conservaciones globales, para distinguirlas de las simetrías gauge locales que actúan
punto a punto en el espacio-tiempo.
Un
ejemplo fundamental es la carga eléctrica. Su conservación es estricta en todos los procesos
observados y constituye una de las leyes más sólidas de la física. Esta
conservación está relacionada, por un lado, con una invariancia global de las
leyes físicas y, por otro, con la simetría
gauge local U(1), que determina además cómo la carga eléctrica da lugar al
campo electromagnético y al fotón como su partícula mediadora.
Por este
motivo se dice que la conservación de la
carga eléctrica está especialmente “protegida”: no solo se mantiene de
forma global en todos los procesos conocidos, sino que además está integrada en
la estructura misma de la interacción electromagnética mediante una simetría gauge local. En el capítulo Las antipartículas veremos otros números cuánticos aditivos y el papel
que desempeñan en la física de partículas y en la descripción de las
antipartículas.
La violación de la
simetría.
En algunos casos, una
simetría que parecía universal deja de cumplirse en determinados procesos.
Hablamos entonces de violación de la simetría.
Un
ejemplo histórico es la violación de la simetría de paridad (P)
descubierta en 1956. Los experimentos de Chien-Shiung Wu mostraron que la interacción débil
distingue entre izquierda y derecha. Antes de ello, se creía que la naturaleza
era simétrica bajo reflexión. El hallazgo fue tan sorprendente que cambió la
forma de entender las leyes fundamentales.
La violación de una simetría no implica
incoherencia de la teoría, sino que las leyes no permanecen invariantes bajo
esa transformación en todos los contextos.
La ruptura espontánea
de la simetría.
Existe una forma más
sutil de ruptura: la ruptura espontánea
de la simetría. En este caso, las leyes siguen siendo simétricas, pero el
estado físico del sistema no lo es.
Un
ejemplo ilustrativo es un lápiz equilibrado sobre su punta: las leyes no
privilegian ninguna dirección, pero al caer el sistema elige una orientación
concreta. Nada en las ecuaciones cambió; fue el propio sistema el que rompe la
simetría al buscar un estado estable.
En física
de partículas, el mecanismo de Higgs ejemplifica la ruptura
espontánea de la simetría gauge: el campo de Higgs adquiere un valor distinto de cero en todo el
espacio, lo que oculta
parcialmente la simetría subyacente. Como consecuencia,
los bosones W–, W+
y Z0 adquieren masa, mientras el fotón
permanece sin masa.
Otras simetrías.
Además de las clásicas,
discretas y gauge, existen otras simetrías más avanzadas o especializadas en
física que no describiremos aquí, pues exceden el alcance de este texto.
Las simetrías como
principio organizador de la física.
Las simetrías
constituyen uno de los principios organizadores más profundos de la física.
Desde la mecánica clásica hasta el modelo
estándar, han guiado la formulación de teorías y la comprensión de los
fenómenos fundamentales. Entender cuándo una simetría se conserva, se viola o
se rompe espontáneamente ha sido esencial para desentrañar la estructura íntima
de la naturaleza.

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