23 Las antipartículas

 

Como vimos en el capítulo dedicado a la ecuación de Dirac, esta célebre ecuación relativista predecía la existencia de estados de energía negativa. La reinterpretación física de estos estados condujo a la predicción de las antipartículas.

 En 1930, Paul Dirac mostró que, si existe una partícula fundamental con masa (m), espín (s) y ciertos números cuánticos aditivos (como la carga eléctrica o el número bariónico), debe existir necesariamente otra partícula asociada – su antipartícula – con la misma masa y el mismo espín, pero con todos los números cuánticos aditivos asociados a esa partícula de signo opuesto.


Feynman:
Yo soy Feynman.
Dirac:
Yo soy Dirac.
(silencio)
Feynman:
Debe ser maravilloso ser el descubridor de esa ecuación.
Dirac:
Eso fue hace mucho tiempo.
(pausa)
¿En qué estás trabajando?
Feynman:
Mesones.
Dirac:
¿Estás tratando de descubrir una ecuación para ellos?
Feynman:
Es muy difícil.
Dirac:
Hay que intentarlo.

—Como se cita en “Genio: La vida y la ciencia de Richard Feynman” de James Gleick (1992)—
La fotografía la realizó el fotógrafo polaco Marek Holzman en un receso de la International Conference on Relativistic Theories of Gravitation que tuvo lugar en Varsovia y Jablonna (Polonia) en julio de 1962. En ella podemos ver a Richard Feynman hablando con Paul Dirac. El lenguaje corporal ya pone de manifiesto el conocido carácter retraído de Dirac frente al extrovertido y locuaz Feynman. (Photo: Cortesía de Caltech Photo Archives).


La implicación teórica de Dirac fue confirmada experimentalmente en 1932, cuando Carl Anderson, estudiando rayos cósmicos mediante una cámara de niebla, detectó una partícula con la misma masa que el electrón pero con carga positiva. Había descubierto el antielectrón, hoy conocido como positrón.

Posteriormente, el desarrollo de los aceleradores de partículas permitió descubrir otras antipartículas:

1955. El antiprotón (‾𝒑). Está formado por tres antiquarks (dos antiquarks up y un antiquark down). Su número bariónico es -1 y su carga eléctrica es -1, valores opuestos a los del protón.

1956. El antineutrón (𝒏). Está compuesto por tres antiquarks (dos antiquarks down y un antiquark up). Su número bariónico es -1, opuesto al del neutrón, y, al igual que este, no posee carga eléctrica. En este caso, la diferencia entre el neutrón y el antineutrón no radica en la carga eléctrica, sino en el número bariónico, que vale +1 para el neutrón y -1 para el antineutrón.

 

Los números cuánticos aditivos.

En capítulos anteriores ya vimos los números cuánticos que describen los estados ligados a sistemas como el átomo (el principal, el secundario o azimutal, el magnético y el de espín).

Sin embargo, tanto en lo relativo a las partículas fundamentales como a las compuestas, estas se caracterizan por dos grandes tipos de números cuánticos:

los no aditivos o intrínsecos, como por ejemplo la masa y el espín.

y los aditivos o cargas, asociados a simetrías fundamentales y a leyes de conservación.

Aquí nos centraremos en los principales números cuánticos aditivos relevantes para el estudio de las antipartículas:

Carga eléctrica (Q)

Como vimos en el capítulo Las simetrías en la física, la carga eléctrica es una magnitud cuyo valor total permanece constante a lo largo del tiempo. Es por lo que a esta conservación se la considera una conservación global.

Número bariónico (B)

En el capítulo La cromodinámica cuántica vimos que este número cuántico aditivo está asociado a los bariones y se define como un tercio de la diferencia entre el número de quarks y el número de antiquarks presentes en un sistema.

No interviene en ninguna simetría gauge conocida en el modelo estándar. Su conservación se entiende como una conservación global, que puede verse violada en ciertos procesos.

Número leptónico (L)

Este número cuántico aditivo está asociado a los leptones y se define como la diferencia entre el número de leptones y el número de antileptones presentes en un sistema.

𝑳 = 𝑵leptones ― 𝑵antileptones

Dado que todos los leptones del modelo estándar son partículas fundamentales no compuestas, a cada leptón se le asigna número leptónico L = +1, mientras que a cada antileptón le corresponde L = -1. Las partículas que no pertenecen a la familia de los leptones, como los quarks, los bosones gauge o el fotón, tienen número leptónico nulo.

La diferencia entre leptones y antileptones resulta especialmente útil al analizar procesos físicos o sistemas con varias partículas.

Este número cuántico tampoco interviene en ninguna simetría gauge conocida y su conservación aproximada también se considera una conservación global.

Cargas de sabor.

Este concepto es válido para los seis sabores de quark, aunque solo cuatro de ellos poseen números cuánticos de sabor con nombre propio: charm, strange, top y bottom. Sus cuatro números cuánticos son:

encanto (C)

extrañeza (S)

topness o verdad (T)

bottomness o belleza (B’).

Vemos que no existe una única carga de sabor, sino varias, asociadas a los distintos sabores de quarks.

Las cargas de sabor toman valores opuestos en quarks y antiquarks. Por ejemplo, un quark strange tiene una carga de sabor S = +1, mientras que el antiquark strange tiene S = -1.

Estas cargas no están protegidas por simetrías gauge independientes, sino que describen propiedades internas de los quarks. Por ello, su conservación es de tipo global y aproximada, y puede verse violada en procesos mediados por la interacción débil.

Carga de color.

Los quarks poseen una sola carga de color. Aunque haya tres colores (rojo, verde y azul), estos son componentes de una misma carga asociada a la simetría gauge SU(3) de la interacción fuerte. Los antiquarks poseen el anticolor correspondiente (antirrojo, antiverde o antiazul).

La carga de color no es una cantidad que se pueda medir “fuera” de la interacción fuerte.

 

Conservación de los números cuánticos aditivos.

En el modelo estándar, durante las interacciones y los decaimientos de partículas, no se conservan necesariamente todos los números cuánticos aditivos de los estados iniciales y finales. Sin embargo, existen diferencias importantes según el tipo de número cuántico:

Se conservan de manera estricta aquellos números cuánticos aditivos asociados a simetrías gauge, entendida su conservación en el sentido de las interacciones fundamentales:

Carga eléctrica (Q). Su conservación está especialmente “protegida”: no solo se mantiene de forma global en todos los procesos conocidos, sino que además está integrada en la estructura misma de la interacción electromagnética mediante la simetría gauge U(1).

Carga de color, magnitud relacionada con la interacción fuerte.

Sin embargo, no se conservan de forma estricta en todos los procesos los números cuánticos que no están asociados a simetrías gauge, como las cargas de sabor y los números bariónico (B) y leptónico (L) cuando se consideran por separado.

Lo que sí se conserva de manera exacta, dentro del modelo estándar, es la combinación B−L, es decir, la diferencia entre la suma de los números bariónicos y la suma de los números leptónicos permanece constante. Esta propiedad se conoce como la ley de conservación de B−L. En el siguiente capítulo, dedicado a la teoría de la gran unificación, analizaremos su posible violación.

 

Los números cuánticos de las antipartículas.

En las antipartículas, mientras los números cuánticos no aditivos (como la masa o el espín) permanecen invariantes, los números cuánticos aditivos cambian de signo. En los casos en que su valor es nulo, como la carga eléctrica del neutrón (Q = 0), la inversión resulta trivial y el valor numérico permanece igual (-Q = 0).

La clave está en cuántos números cuánticos aditivos tenga la partícula:

Una partícula puede poseer solo unos pocos, como el electrón: carga eléctrica y número leptónico.

O varios, como un quark: carga eléctrica, sabor, color y número bariónico fraccionario.

En las antipartículas cambian todos los números cuánticos aditivos que existen para esa partícula. Por eso:

En el electrón cambian q y L.

En el neutrón cambia B, aunque Q = 0.

En el fotón no cambia ninguno. Es su propia antipartícula.

Cabe señalar que algunas partículas neutras, cuyos números cuánticos aditivos totales son nulos, pueden coincidir con su antipartícula. Por “totales” entendemos que la suma de todos los números cuánticos aditivos relevantes de la partícula – como el número bariónico, el número leptónico o las cargas de sabor – es cero. Además del fotón, este es el caso del bosón Z0, del bosón de Higgs y de ciertos mesones neutros, como el pión neutro π0, que veremos en el capítulo Las partículas fundamentales.

Sin embargo, existen partículas neutras para las cuales partícula y antipartícula no pueden identificarse de forma inmediata, ya que presentan otras propiedades físicas que permiten distinguirlas. El ejemplo más relevante es el de los neutrinos, cuya naturaleza será analizada con más detalle en un capítulo posterior.

 

La antimateria.

La antimateria es la extensión del concepto de antipartícula a sistemas compuestos. Está formada por antipartículas unidas entre sí, de manera análoga a como las partículas ordinarias forman la materia común. Por ejemplo, un positrón y un antiprotón pueden enlazarse para formar un átomo de antihidrógeno.

Cuando la materia y la antimateria entran en contacto se produce un proceso de aniquilación, en el que ambas se transforman principalmente en fotones de alta energía (rayos gamma) y, en algunos casos, en otros pares partícula–antipartícula. No se trata de una destrucción en sentido estricto, sino de una conversión de masa en energía, de acuerdo con la relación E = mc2.

 

La formación de la antimateria tras el Big Bang.

En los primeros instantes tras el Big Bang, el universo era extremadamente caliente y denso. En esas condiciones, la energía disponible permitía la creación continua de pares partícula–antipartícula a partir de fotones de alta energía. Del mismo modo, estos pares se aniquilaban constantemente, manteniéndose un equilibrio casi perfecto entre materia y antimateria.

A medida que el universo se expandió y se enfrió, la producción de nuevos pares dejó de ser eficiente. La mayor parte de la materia y la antimateria se aniquiló, pero una ligera asimetría – una pequeñísima diferencia a favor de la materia – permitió que sobreviviera el exceso de partículas que constituye el universo actual.

 

Dónde encontramos antimateria en el universo.

Aunque el universo está dominado por la materia, la antimateria no es completamente ajena a la naturaleza. Se produce de forma natural en diversos contextos:

En los rayos cósmicos, donde colisiones de partículas de alta energía generan positrones y antiprotones.

En ciertos procesos radiactivos, como la desintegración beta positiva.

En entornos astrofísicos extremos, como las cercanías de púlsares o agujeros negros.

En laboratorios terrestres, especialmente en aceleradores de partículas, donde se produce y estudia antimateria de forma controlada.

Hasta la fecha, no se han observado grandes estructuras cósmicas formadas por antimateria.

 

Bariogénesis. El origen de la asimetría materia–antimateria.

La bariogénesis designa el conjunto de procesos físicos que, en el universo primitivo, dieron lugar a la asimetría materia–antimateria observada en la actualidad. Aunque el término hace referencia explícita a los bariones, este exceso afecta al conjunto de la materia ordinaria, incluidos también los leptones, ya que ambos sectores están profundamente relacionados a través de las interacciones fundamentales del modelo estándar.

Para que cualquier mecanismo capaz de generar esta asimetría sea posible, deben cumplirse las llamadas condiciones de Sakharov, formuladas por Andréi Sakharov en 1967:

La violación de la combinación B−L.

La violación de la simetría CP (la violación de C es entonces implícita).

La existencia de procesos que se desarrollen fuera del equilibrio térmico.

Estas condiciones garantizan que pueda generarse un exceso neto de materia sobre antimateria y que dicho exceso no se anule por reacciones inversas. Constituyen criterios generales necesarios, pero no describen por sí mismas un mecanismo dinámico concreto.

Existen diversos mecanismos teóricos que satisfacen estas condiciones. Entre ellos destaca la leptogénesis, en la que una asimetría inicial generada en el sector leptónico se transforma posteriormente, mediante procesos electrodébiles, en una asimetría bariónica. Este mecanismo está estrechamente ligado a las propiedades de los neutrinos y será analizado con mayor detalle en el capítulo Los neutrinos.

La comprensión completa de la bariogénesis requiere, por tanto, analizar en profundidad el papel de las simetrías fundamentales y sus posibles violaciones, así como considerar extensiones del modelo estándar, temas que abordaremos a continuación.

 

El teorema CPT.

El teorema CPT es una consecuencia fundamental de la teoría cuántica de campos relativista. Fue establecido en la década de 1950 por Gerhart Lüders y Res Jost, a partir de ideas previamente anticipadas por Wolfgang Pauli. Este teorema establece que, en un marco relativista, las leyes fundamentales de la física son invariantes bajo la transformación combinada de las tres simetrías discretas: conjugación de carga (C), paridad (P) y tiempo (T).

El teorema CPT no es una hipótesis, sino una consecuencia matemática de la teoría cuántica de campos y de la relatividad especial. De acuerdo con él, una partícula y su antipartícula deben tener exactamente la misma masa, el mismo espín y la misma vida media, aunque sus números cuánticos aditivos tengan signo opuesto.

Hasta la fecha no se ha observado ninguna violación del teorema CPT, lo que lo convierte en uno de los pilares más sólidos de la física moderna. Como consecuencia, si se viola la simetría CP (carga-paridad), también debe violarse la simetría T (inversión temporal), de modo que la simetría CPT se mantenga.

 

La simetría C.

Ya vimos que la simetría de conjugación de carga (C) es la que transforma una partícula en su antipartícula, invirtiendo el signo de los números cuánticos aditivos.

Si la simetría C fuese exacta, los procesos físicos ocurrirían de la misma forma en un universo compuesto exclusivamente de antimateria que en uno formado por materia. Sin embargo, se sabe experimentalmente que la simetría C no es una simetría exacta de la naturaleza, especialmente en las interacciones débiles.

 

La simetría CP y su violación.

La simetría CP es la combinación de las simetrías C y P. Si esta simetría fuese exacta, las leyes de la física serían idénticas para la materia y la antimateria cuando se consideran conjuntamente ambas transformaciones.

Durante mucho tiempo se pensó que, aunque las simetrías C y P se violan por separado en las interacciones débiles, su combinación CP se conservaría. Sin embargo, en 1964 se descubrió experimentalmente que ciertos procesos de desintegración de mesones neutros, como los mesones K0, violan también la simetría CP.

La violación de la simetría CP introduce una ligera diferencia en la evolución de la materia y la antimateria bajo las interacciones fundamentales, generando una pequeña preferencia a favor de la materia. Sin embargo, por sí sola esta violación no sería suficiente para explicar el predominio observado de la materia en el universo. Modelos teóricos más amplios, como los propuestos en las teorías de la gran unificación – que veremos en el siguiente capítulo – proporcionan mecanismos adicionales que podrían amplificar esta asimetría y dar cuenta del exceso de materia frente a la antimateria.

Incluso cuando la simetría CP se viola, el teorema CPT garantiza que las propiedades fundamentales de las partículas y las antipartículas sigan estando estrictamente relacionadas.

 

Conclusión y perspectivas.

El estudio de las antipartículas revela hasta qué punto las simetrías y los números cuánticos aditivos desempeñan un papel central en la estructura de la materia. La existencia de una asimetría entre materia y antimateria, así como la violación de ciertas simetrías fundamentales, plantea preguntas que el modelo estándar no logra responder de forma completa. Estas cuestiones apuntan hacia marcos teóricos más amplios, en los que las distintas interacciones fundamentales podrían emerger de una simetría más profunda, rota en las primeras etapas del universo.


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