Desde que J. J. Thomson
descubriera el electrón en 1897, se han identificado más de un centenar de partículas subatómicas. Como hemos
visto en capítulos anteriores, estos descubrimientos han permitido desarrollar
el modelo estándar de la física de
partículas. La gran mayoría de las partículas
subatómicas observadas no son fundamentales, sino que están compuestas a su
vez por entidades más pequeñas.
La física de partículas, también conocida
como física de altas energías (HEP, por sus siglas en inglés High
Energy Physics), es la rama de la física dedicada al estudio de las partículas fundamentales y de las
interacciones que se producen entre ellas.
Del mismo
modo que la teoría cuántica de campos
puede considerarse una extensión natural de la mecánica cuántica, la física
de partículas moderna – incluido el modelo
estándar – constituye una aplicación avanzada y altamente estructurada de
dicha teoría, en la que múltiples campos cuánticos e interacciones se integran
en una descripción teórica unificada.
El modelo estándar describe un conjunto
finito de partículas fundamentales,
que constituyen los bloques básicos de la materia y de las interacciones
conocidas.
El
calificativo de “fundamentales”
indica que, según el conocimiento actual, estas partículas no presentan estructura interna observable. No obstante, esta
condición podría modificarse en el futuro, ya que ninguna ley física conocida
impide que dichas partículas estén compuestas por entidades todavía más
elementales.
Como se
muestra en el esquema anterior, las partículas de materia se agrupan en tres
generaciones:
Primera generación. Formada por el electrón, su neutrino
asociado y los quarks up y down. La materia
ordinaria estable que nos rodea está constituida exclusivamente por partículas
de esta generación.
Segunda y tercera generaciones. Contienen partículas
con los mismos números cuánticos que las de la primera generación, pero con
masas progresivamente mayores. Estas partículas son inestables y se desintegran
rápidamente en partículas de generaciones inferiores.
En el
caso de los quarks, cada generación
está formada por una pareja de sabores distintos. En el sector leptónico, el modelo
estándar distingue tres familias leptónicas, cada una compuesta por
un leptón cargado y su neutrino asociado. En las interacciones débiles, se
habla de sabores leptónicos para referirse al tipo de leptón implicado
(electrónico, muónico o tauónico), una clasificación que resulta especialmente
relevante en el estudio de las oscilaciones
de neutrinos, que veremos en el capítulo dedicado a estas partículas.
El modelo estándar incluye asimismo las antipartículas
correspondientes a las partículas
fundamentales, con propiedades idénticas salvo por la inversión de ciertos
números cuánticos:
Los 18 antiquarks,
correspondientes a los seis sabores de quarks y sus tres colores:
El antielectrón (o positrón).
El antimuón.
La antipartícula tau (o antitauón).
Los antineutrinos.
Los fermiones y los bosones.
Las partículas subatómicas, ya sean
fundamentales o compuestas, se clasifican en dos grandes categorías: fermiones
y bosones. Los fermiones
constituyen la materia, mientras que los bosones
actúan como mediadores de las interacciones fundamentales o, en el caso del bosón de Higgs, están asociados a
mecanismos físicos esenciales como la generación de masa.
Los fermiones presentan las siguientes
características generales:
Poseen espín semientero (1/2).
Satisfacen el principio de exclusión de Pauli, según el cual dos fermiones no pueden
ocupar simultáneamente el mismo estado cuántico.
Su comportamiento
colectivo se describe mediante la estadística
de Fermi-Dirac.
Los bosones, por su parte, se caracterizan
por:
Tener espín entero (0 ó 1).
No estar sujetos al principio de exclusión de Pauli, lo que
permite que múltiples bosones ocupen el mismo estado cuántico.
Obedecer la estadística de Bose-Einstein,
responsable de fenómenos como la condensación
de Bose-Einstein.
Algunos
conceptos relacionados con el espín, como la helicidad y la quiralidad,
desempeñan un papel central en la estructura del modelo estándar y en el comportamiento de las partículas fundamentales. Aunque estos conceptos se aplican de
manera general a fermiones y bosones, su relevancia es especialmente
notable en el contexto de la interacción débil y de los neutrinos, y serán analizados con mayor detalle en el capítulo
siguiente.
Las partículas fundamentales fermiónicas.
Quarks. No pueden observarse como partículas libres debido al confinamiento del color y siempre se encuentran
agrupados en hadrones, que pueden
ser:
Bariones, formados
por tres quarks.
Mesones, formados por un quark y un antiquark.
Leptones. No participan en la interacción fuerte.
Existen seis sabores de leptones,
distribuidos en tres generaciones: el electrón,
el muón y la partícula tau, junto con sus
respectivos neutrinos asociados.
Las partículas fundamentales bosónicas.
Fotón. Bosón mediador de la interacción
electromagnética. No posee masa.
Bosones W y Z. Mediadores
de la interacción débil.
Gluón. Bosón mediador de la interacción
fuerte. No posee masa.
Bosón de Higgs. Asociado al mecanismo de generación de masa de
las partículas fundamentales.
Las partículas compuestas.
Las partículas compuestas también pueden
ser fermiones o bosones. En la práctica, la mayoría de los fermiones compuestos
conocidos son bariones, mientras que
los mesones constituyen el ejemplo
más habitual de bosones compuestos.
Bariones. Son hadrones
formados por tres quarks y con espín semientero. Los más
representativos son el protón (dos
quarks up y un quark down) y el neutrón (dos quarks down
y un quark up), conocidos
conjuntamente como nucleones.
Mesones. Son hadrones
formados por un quark y un antiquark. Al tener espín entero, los mesones se comportan como bosones,
lo que permite clasificarlos dentro de esta familia a pesar de ser partículas
compuestas. Son partículas inestables que se desintegran rápidamente en otras
partículas más ligeras. Aunque no median una interacción fundamental, el
intercambio de mesones, en
particular de piones, desempeña un
papel clave en la descripción efectiva de la fuerza nuclear residual entre nucleones, una manifestación de la interacción fuerte.
Los piones constituyen el ejemplo más
importante y mejor estudiado de mesones.
Fueron descubiertos en 1947 por Cecil Powell y colaboradores, a partir del
estudio de los productos generados por el impacto de rayos cósmicos sobre la
atmósfera terrestre. Fueron los primeros mesones
observados experimentalmente, además de ser los más ligeros.
Existen
tres tipos de piones, que se
diferencian por su carga eléctrica:
Pión positivo π+, formado por un quark
up y un antiquark down. Se desintegra principalmente en un antimuón (µ+)
y en un neutrino muónico (𝝊𝝁):
Pión negativo π–, formado por un quark
down y un antiquark up, y antipartícula del anterior. Se desintegra
principalmente en un muón (µ–) y en un antineutrino
muónico (‾𝝊𝝁):
Pión neutro π0, que es su propia antipartícula y está
constituido por una superposición de pares quark–antiquark: up–antiup y down–antidown. Es más inestable que los piones cargados y se desintegra casi exclusivamente en dos fotones
en forma de radiación gamma.
Otros
mesones, como el mesón 𝑱/𝝍, formados por quarks
pesados, desempeñaron un papel crucial en la confirmación experimental del
modelo de quarks, aunque no intervienen en la descripción efectiva de la fuerza nuclear residual.
Resumen esquemático de las partículas.
Podemos resumir las
distintas partículas en el siguiente esquema:
Los hadrones exóticos.
Son partículas
subatómicas ligadas por la interacción
fuerte cuyo contenido de quarks difiere del de los hadrones ordinarios. Estas partículas fueron predichas en el marco
de la cromodinámica cuántica y
observadas experimentalmente en el LHC del CERN en las últimas décadas, como el
pentaquark (2015) y el tetraquark (2022). Ambos contienen
diferentes combinaciones de quarks y antiquarks.
Asimismo,
se han propuesto y buscado estados compuestos exclusivamente por gluones,
denominados bolas de gluones (del
inglés glueballs), cuya
identificación experimental inequívoca sigue siendo un desafío abierto.
La materia bariónica.
En cosmología, se
denomina materia bariónica a la materia formada por bariones y leptones, es
decir, la materia ordinaria que constituye estrellas, planetas y seres vivos.
Las observaciones actuales indican que la materia
bariónica representa aproximadamente el 5 % de la densidad total del
universo, mientras que el resto corresponde a materia oscura (27 %) y energía
oscura (68 %).
El muón.
El muón (µ–) es una partícula fundamental perteneciente a la
segunda generación de leptones. Posee carga eléctrica negativa, como el
electrón, pero su masa es aproximadamente 207 veces mayor. Fue la primera
partícula fundamental descubierta que no es constituyente de la materia
ordinaria. Está asociada a su correspondiente antipartícula, el antimuón (µ+).
Fue
descubierto en 1936 por Carl David Anderson y Seth Neddermeyer al estudiar la
radiación cósmica mediante una cámara de niebla. En estos experimentos
detectaron partículas cargadas que se curvaban al atravesar un campo
electromagnético de forma distinta a los electrones y a otras partículas
conocidas, mostrando una curvatura intermedia entre la del electrón y la del
protón, lo que indicaba una masa significativamente mayor que la del primero,
pero muy inferior a la del segundo.
Los muones se producen de manera natural
cuando los rayos cósmicos de alta energía colisionan con átomos en las capas
altas de la atmósfera terrestre. En su modo de desintegración más frecuente, un
muón negativo decae en un electrón (e–),
un antineutrino electrónico (‾𝝊𝒆) y un neutrino muónico (𝝊𝝁):
La vida
media del muón es de aproximadamente
2,2 microsegundos. Dado que se desplaza a velocidades muy cercanas a la de la
luz, en ausencia de efectos relativistas solo podría recorrer unos 660 metros
antes de desintegrarse. Por esta razón, se pensó inicialmente que era muy poco
probable que los muones producidos en las capas altas de la atmósfera
alcanzaran la superficie terrestre.
Sin
embargo, el experimento de Rossi–Hall,
realizado en 1942, detectó un número de muones
en la superficie terrestre muy superior al esperado según los cálculos
clásicos. Este resultado se explica por la dilatación
del tiempo predicha por la teoría de la relatividad especial. Mientras que
para un observador ligado al muón su
vida media es un tiempo propio, para un observador en la superficie terrestre
el intervalo de tiempo entre su creación y su desintegración es mayor. Como
consecuencia, los muones pueden recorrer distancias del orden de 6.600 metros
antes de desintegrarse, lo que permite que una fracción significativa de ellos
alcance el suelo. Este fenómeno constituyó una de las primeras confirmaciones
experimentales directas de la dilatación
del tiempo relativista.
La partícula tau (o tauón).
La partícula tau, o tauón (𝝉‾), es una partícula
fundamental masiva que pertenece a la tercera generación de leptones. Posee
carga eléctrica negativa, al igual que el electrón y el muón, pero su masa es
aproximadamente 17 veces mayor que la del muón y casi el doble que la del
protón. Su vida media es extremadamente corta. Está asociada con su
correspondiente antipartícula, el antitauón
(𝝉⁺).
Fue
descubierto en 1975 por Martin Lewis Perl al estudiar ciertas anomalías en las
colisiones electrón-positrón realizadas en el SLAC de Stanford. Perl propuso
que en estas colisiones se producía un par de nuevas partículas muy masivas –
el tauón y el antitauón – que se desintegraban rápidamente en otras partículas
observables.
El tauón
es el único leptón con masa suficiente para desintegrarse en estados
hadrónicos. Entre los canales de desintegración más frecuentes, todos ellos
mediados por la interacción débil,
se encuentran:
Desintegración hadrónica: un quark down (d), un antiquark up (
Desintegración leptónica electrónica: un neutrino tauónico (
Desintegración leptónica muónica: un neutrino tauónico (
Los neutrinos.
Los neutrinos son partículas fundamentales
eléctricamente neutras y de masa extremadamente pequeña. Presentan propiedades
singulares que justifican un tratamiento específico, desarrollado en el
capítulo siguiente.
Cronología del descubrimiento de las partículas.
1897. Electrón. J.
J. Thomson lo descubrió mediante experimentos con tubos de rayos catódicos,
demostrando por primera vez la existencia de una partícula subatómica con carga
eléctrica negativa.
1917. Protón. Ernest
Rutherford identificó el protón como el núcleo del átomo de hidrógeno al
estudiar procesos de transmutación nuclear inducidos por partículas alfa,
estableciendo la existencia de un constituyente fundamental del núcleo atómico.
1926. Fotón. Gilbert
N. Lewis introdujo este término para denominar los “cuantos de luz” propuestos
por Albert Einstein en 1905, consolidando el concepto cuántico de la radiación
electromagnética.
1932. Neutrón. James
Chadwick lo descubrió al bombardear una lámina de berilio con partículas alfa,
identificando una nueva partícula neutra con masa similar a la del protón.
1932. Positrón. Carl
David Anderson lo descubrió al estudiar trayectorias de rayos cósmicos en una
cámara de niebla sometida a un campo magnético.
1936. Muón. Carl
David Anderson y Seth Neddermeyer lo descubrieron en otro experimento con rayos cósmicos realizado en una cámara de
niebla.
1955. Antiprotón. Emilio Segre
y Owen Chamberlain lo descubrieron en el Bevatron de Berkeley.
1956. Antineutrón. Bruce Cork y
sus colaboradores lo descubrieron en el Bevatron de Berkeley.
1956. Neutrino
electrónico. Clyde Cowan y Frederick Reines demostraron su existencia (en
realidad, el antineutrino electrónico)
usando un reactor nuclear como fuente y detectores de agua con cadmio y
centelleadores.
1962. Neutrino muónico.
Leon Max Lederman, Melvin Schwartz y Jack Steinberger identificaron este
neutrino en un experimento con haces de partículas en el Brookhaven National
Laboratory de New York. De esta forma demostraron que existía más de un tipo de
neutrino.
1973. Quarks. Los
experimentos realizados por Jerome Friedman, Henry Kendall y Richard Taylor en
el SLAC de Stanford aportaron evidencia experimental decisiva de la existencia
de constituyentes puntuales en el protón. Estos constituyentes se identificaron
con los quarks propuestos teóricamente en 1964 por Murray Gell-Mann y George
Zweig, en particular los quarks arriba
(up),
abajo (down) y extraño (strange).
1974. Quark encanto
(charm). Fue identificado experimentalmente mediante la observación del mesón 𝑱/𝝍 en
experimentos independientes realizados en el SLAC y en el Brookhaven National
Laboratory. Este descubrimiento, conocido como la Revolución de Noviembre,
proporcionó la primera evidencia directa de la existencia del quark encanto y
consolidó definitivamente el modelo de quarks.
1975. Tau o tauón.
Martin Lewis Perl lo descubrió al analizar anomalías en colisiones
electrón–positrón en el SLAC de Stanford.
1977. Quark fondo
(bottom). Leon Lederman y su equipo lo descubrieron en el sincrotrón del
Fermilab.
1979. Gluón.
Observado indirectamente por primera vez en el colisionador de partículas PETRA
del laboratorio DESY, en Alemania.
1983. Bosones W y Z.
Carlo Rubbia y Simon van der Meer los descubrieron en el CERN.
1995. Quark cima (top).
Descubierto en el Tevatron del Fermilab.
2000. Neutrino tauónico.
La primera evidencia directa se
obtuvo en el Fermilab.
2012. Bosón de Higgs.
Descubierto en el experimento ATLAS en el Gran Colisionador de Hadrones del
CERN.
Conclusión.
El inventario de las partículas fundamentales del modelo
estándar constituye el resultado más sólido de la física de partículas
contemporánea. No obstante, esta descripción, aunque extraordinariamente
precisa, deja abiertas cuestiones profundas: la inclusión de la gravedad, el
origen último de las constantes fundamentales y la unificación completa de
todas las interacciones. Estas preguntas nos conducen inevitablemente a la
búsqueda de una teoría más profunda, aún por construir, que aspire a describir
de manera coherente todas las fuerzas de la naturaleza.







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