Entre todas las
partículas elementales conocidas, el neutrino
ocupa un lugar singular. Es extraordinariamente abundante en el universo y, sin
embargo, extremadamente difícil de detectar. Carece de carga eléctrica, no
participa en la interacción fuerte y solo interactúa mediante la interacción
débil y la gravedad. Como consecuencia, puede atravesar enormes cantidades de
materia ordinaria casi sin perturbarla, lo que convierte su estudio
experimental en un desafío formidable.
Desde su
propuesta teórica en 1930 por Wolfgang Pauli hasta su detección directa más de
dos décadas después, el neutrino ha
desempeñado un papel fundamental en la consolidación de la física de partículas
y en la comprensión de las interacciones débiles.
Pauli y Borh. Dos "jovenzuelos" jugando a la peonza.
Durante
mucho tiempo se pensó que los neutrinos
eran partículas estrictamente sin masa. No fue hasta 1998 cuando el experimento Super-Kamiokande, en Japón,
liderado por Takaaki Kajita, proporcionó la primera evidencia inequívoca de que
los neutrinos poseen una masa distinta
de cero. El análisis de neutrinos
atmosféricos mostró que estos cambian de sabor durante su propagación, un
fenómeno conocido como oscilación de neutrinos, que solo puede
explicarse si los neutrinos tienen
masa. Este fenómeno será analizado con más detalle a lo largo de este capítulo.
El
descubrimiento de la masa del neutrino
tuvo un profundo impacto conceptual, ya que el modelo estándar, en su formulación mínima, asumía que los neutrinos eran completamente carentes
de masa, al igual que los fotones, aunque por razones teóricas diferentes.
Hoy
sabemos que el neutrino es una
partícula fundamental, eléctricamente neutra y con una masa extremadamente
pequeña, capaz de recorrer distancias cosmológicas sin ser absorbida ni
desviada. Precisamente por estas propiedades, los neutrinos constituyen una ventana privilegiada tanto al interior de
las estrellas como a procesos físicos que podrían revelar la existencia de
fenómenos más allá del modelo estándar.
Los neutrinos en el modelo estándar.
Como vimos en el
capítulo Las partículas fundamentales, los neutrinos forman parte del sector leptónico del modelo estándar. Existen tres familias
leptónicas, cada una compuesta por un leptón cargado y su correspondiente
neutrino:
electrón y neutrino electrónico(𝝊𝒆),
muón y neutrino muónico (𝝊𝝁),
tau y neutrino tauónico(𝝊𝝉).
Los neutrinos no poseen carga eléctrica ni
carga de color, por lo que no participan en las interacciones electromagnética
ni fuerte. Su única interacción no gravitatoria es la interacción débil,
mediada por los bosones W y Z. En
los procesos débiles cargados, el neutrino
aparece siempre asociado a su leptón cargado correspondiente, lo que justifica
la noción de sabor leptónico.
Las propiedades cuánticas fundamentales de los neutrinos.
Los neutrinos son fermiones fundamentales
de espín 1/2, al igual que los electrones y los quarks. Obedecen la estadística de Fermi–Dirac y el principio de exclusión de Pauli.
A
diferencia de otros fermiones fundamentales, los neutrinos se caracterizan por la pequeñez extrema de su masa.
Aunque su valor exacto se desconoce, los datos experimentales indican que su
masa es al menos un millón de veces menor que la del electrón. Esta propiedad
explica que se desplacen a velocidades muy cercanas a la de la luz.
En el
marco del modelo estándar, se asigna
un número leptónico total L = +1 a los neutrinos y L = -1 a los antineutrinos, cantidad que se conserva en todas las interacciones
ordinarias.
En cuanto
a su helicidad, el experimento de
Goldhaber (1958) demostró que los neutrinos
emitidos en procesos de desintegración beta presentan helicidad negativa,
es decir, su espín se encuentra predominantemente opuesto al sentido de su
momento lineal. Este resultado constituyó una confirmación temprana del
carácter profundamente asimétrico de la interacción débil.
La
confirmación experimental de que neutrinos
y antineutrinos participan en la
interacción débil con quiralidad bien definida – izquierda para los neutrinos y
derecha para los antineutrinos – se consolidó durante la década de 1960, en
el contexto de los primeros experimentos con haces de neutrinos, como el descubrimiento del neutrino muónico en 1962 por Lederman, Schwartz y Steinberger.
Aunque
los neutrinos se producen y detectan
en las interacciones débiles con una quiralidad
bien definida, el hecho de que tengan masa distinta de cero implica que los
estados físicos observables no sean de quiralidad
pura, sino que contengan una contribución muy pequeña de la quiralidad opuesta, como hemos visto en
el capítulo anterior.
Las oscilaciones de neutrinos.
Los neutrinos pueden cambiar de sabor leptónico durante su propagación,
un fenómeno puramente cuántico conocido como oscilación de neutrinos.
Como consecuencia, un neutrino
producido inicialmente como neutrino
electrónico puede ser detectado más adelante como neutrino muónico o tauónico.
La
posibilidad de que los neutrinos
oscilen entre distintos sabores implica necesariamente que estas partículas
posean una masa distinta de cero.
Por este motivo, la observación de las oscilaciones
de neutrinos en el experimento Super-Kamiokande
proporcionó una evidencia inequívoca de que los neutrinos tienen masa.
El
fenómeno de la oscilación de neutrinos
permitió además resolver el denominado problema de los neutrinos solares.
Durante décadas, los detectores observaron solo una fracción de los neutrinos electrónicos esperados
procedentes del Sol. En 2001, Arthur B. McDonald y su equipo en el Sudbury
Neutrino Observatory (SNO) demostraron que los neutrinos solares no desaparecían, sino que se transformaban en
otros sabores que los detectores anteriores no eran capaces de registrar. Este
resultado confirmó tanto la validez de los modelos solares como la realidad
física de las oscilaciones de neutrinos.
Los estados de sabor y de masa en los neutrinos.
Entre los distintos
estados cuánticos que caracterizan a una partícula, resulta especialmente
relevante la distinción entre estados de sabor (o de interacción) y estados
de masa.
El
término sabor designa una
propiedad asociada a la forma en que una partícula participa en una interacción
fundamental. Un estado de sabor es, por tanto, el estado cuántico
correspondiente a esa propiedad, es decir, el estado que interactúa de manera
definida en una interacción concreta. Este concepto se aplica a aquellas
partículas para las cuales una interacción distingue entre distintos tipos
internos, como ocurre de forma destacada en el caso de los neutrinos y los quarks.
En el
caso de los neutrinos, los estados de sabor están definidos por la
interacción débil:
el neutrino electrónico es el estado
de sabor que participa en interacción débil junto al electrón,
el neutrino muónico, junto al muón,
el neutrino tauónico, junto al tauón.
Por lo
tanto, el estado de sabor lo determina
la interacción débil, no su masa.
De manera
análoga, conviene distinguir entre la masa de una partícula – un valor
numérico – y un estado de masa, que es un estado cuántico con un valor
de masa bien definido. Esta distinción solo adquiere relevancia física cuando
los estados de masa no coinciden con
los estados de sabor, como ocurre en
el caso de los neutrinos. En la
mayoría de las demás partículas fundamentales, ambas nociones coinciden de
forma trivial, por lo que no es necesario diferenciarlas explícitamente.
Puede
decirse, en términos generales, que los neutrinos
se producen, interactúan y se detectan
en estados de sabor, mientras que se
propagan libremente como estados de masa, que son los que
gobiernan su evolución temporal.
En la mayoría de las partículas fundamentales, los estados
de sabor coinciden con los estados de masa, o bien esta distinción
carece de consecuencias experimentales observables, por lo que no suele
mencionarse.
Por ejemplo, el electrón posee un único estado de
sabor electrónico, que coincide con su estado de masa y con su masa
bien definida. En este caso, basta con referirse simplemente a la masa del
electrón.
Esta
identificación directa entre estado de
sabor y de masa deja de ser
válida en el caso de los neutrinos.
Como consecuencia, un neutrino
producido en un estado de sabor
determinado no posee una masa bien definida, sino que se encuentra en una superposición
cuántica de distintos estados de masa. Esta estructura cuántica es la
responsable directa del fenómeno de las oscilaciones
de neutrinos.
La jerarquía de masas de los neutrinos.
Los experimentos de oscilaciones de neutrinos han
demostrado que los neutrinos poseen
masa, pero también han puesto de manifiesto una importante limitación de
nuestro conocimiento actual: no conocemos sus masas absolutas, sino
únicamente las diferencias entre los
cuadrados de sus masas, denotadas por Δm².
Además,
como hemos visto, en el caso de los neutrinos
es esencial distinguir entre los estados de sabor (electrónico, muónico
y tauónico) y los estados de masa, que se suelen denotar como 𝝊1, 𝝊2 y 𝝊3. Estos dos conjuntos
de estados no coinciden: cada estado de
sabor es una superposición cuántica
de los tres estados de masa.
Como
consecuencia, no puede asignarse una masa única y bien definida a un neutrino de sabor concreto. Solo puede
hablarse de la probabilidad de
que un determinado estado de sabor esté asociado a cada uno de los estados de masa. En particular, los
datos experimentales indican que:
El neutrino electrónico contiene una mayor componente del estado de masa 𝝊1.
Los neutrinos muónico y tauónico presentan mezclas más
repartidas de los estados 𝝊2 y 𝝊3, siendo este último
prácticamente exclusivo de estos dos sabores.
Esta
situación da lugar a una cuestión fundamental aún no resuelta: el orden
relativo de las masas de los estados 𝝊1, 𝝊2 y 𝝊3, conocido como el problema
de la jerarquía de masas de los neutrinos. Existen dos posibilidades
principales:
Jerarquía normal (NH).
Los estados 𝝊1 y 𝝊2 serían los más ligeros,
mientras que 𝝊3 sería significativamente
más pesado, siguiendo un patrón análogo al observado en otras partículas
fundamentales.
Jerarquía invertida
(IH). Los estados 𝝊1 y 𝝊2 serían los más pesados
y tendrían masas muy próximas entre sí, mientras que 𝝊3 sería el más ligero,
separado por una brecha mayor.
Dado que
el neutrino electrónico está
dominado por el estado 𝝊1, sería el más ligero
de los tres sabores en el caso de jerarquía
normal, pero el más pesado en el escenario de jerarquía invertida. Por el contrario, los neutrinos muónico y tauónico
no presentan una asociación preferente tan marcada con un único estado de masa.
La
extrema pequeñez de las masas de los neutrinos
y, sobre todo, la pequeñez de sus diferencias de masa, permite que los
distintos estados de masa se
propaguen de forma coherente a lo largo de grandes distancias. Esta coherencia
cuántica es la responsable de las oscilaciones
de neutrinos.
Determinar
la jerarquía de masas de los neutrinos
no es un simple detalle técnico: se trata de una de las claves fundamentales
para comprender el origen de sus masas y apunta claramente hacia una física que
va más allá del modelo estándar.
El mecanismo seesaw.
La existencia de masa
en los neutrinos constituye una de
las pruebas más claras de que el modelo
estándar, en su forma mínima, es incompleto.
A
diferencia de otras partículas, que obtienen su masa a través del mecanismo de
Higgs, los neutrinos podrían
recibirla mediante un mecanismo distinto, debido a su extraordinaria pequeñez.
Una
propuesta especialmente atractiva es el mecanismo
seesaw (o “del balancín”), que explica la pequeña masa de los neutrinos de quiralidad izquierda – los
que participan en la interacción débil – mediante su conexión con neutrinos de quiralidad derecha
significativamente más pesados.
En este
marco, los neutrinos derechos estériles no interactúan mediante la
interacción débil y solo sentirían la gravedad de manera significativa. La
relación inversa entre las masas se asemeja a un balancín: cuanto más pesada es
la masa del neutrino estéril, más
ligera es la del neutrino activo
correspondiente. Este mecanismo encaja de forma natural en teorías más amplias,
como las teorías de gran unificación,
ya estudiadas en un capítulo previo.
Algunos
modelos sugieren que ciertos neutrinos
estériles podrían constituir una fracción de la materia oscura del
universo, aunque todavía no se han detectado de manera definitiva. Experimentos
como KATRIN, que buscan directamente la masa de los neutrinos activos, y otros dedicados a neutrinos estériles, continúan sin proporcionar evidencia
concluyente sobre su existencia. Por su parte, los neutrinos activos, que debido a su masa extremadamente pequeña no pueden explicar la mayor parte de la materia
oscura, podrían interactuar débilmente con ella de manera indirecta
en modelos más exóticos.
El neutrino: Dirac o Majorana.
Dado que los neutrinos carecen de carga eléctrica,
surge de manera natural la cuestión de si neutrinos
y antineutrinos son realmente
partículas distintas o si, por el contrario, corresponden a una única entidad
física. Esta pregunta no es meramente terminológica, sino que tiene profundas
implicaciones para la estructura del modelo
estándar y para la comprensión del origen de la masa de los neutrinos.
En el
marco del modelo estándar, donde neutrino y antineutrino son entidades físicas distintas, ambas son partículas de Dirac, al igual que todos los demás fermiones asociados a campos de Dirac. En este escenario:
Tanto los neutrinos como los antineutrinos se producen y se detectan como superposiciones cuánticas de los tres estados de masa 𝝊1, 𝝊2 y 𝝊3, que son idénticos en
ambos casos. La diferencia entre ambas partículas no reside en los estados de
masa, sino en dos propiedades fundamentales: el número leptónico y la quiralidad.
Número leptónico: L = +1 para el neutrino y L = -1 para el antineutrino.
Quiralidad: los neutrinos
observados en interacciones débiles poseen quiralidad
izquierda, mientras que los antineutrinos
presentan quiralidad derecha.
Sin
embargo, desde el punto de vista teórico, no existe ninguna razón fundamental
que impida que una partícula neutra sea idéntica a su propia antipartícula. Las
partículas que cumplen esta propiedad se denominan partículas de Majorana, concepto introducido en 1937 por Ettore
Majorana en el contexto de fermiones sin carga eléctrica.
El fotón
constituye un ejemplo familiar de partícula idéntica a su antipartícula, aunque
al ser un bosón gauge sin masa no es un ejemplo de partícula de Majorana en sentido estricto. Dentro del sector de los
fermiones del modelo estándar, el neutrino es el único candidato natural
a poseer carácter de Majorana.
Si los neutrinos fueran partículas de Majorana:
La distinción entre neutrino y antineutrino no correspondería a identidades físicas diferentes,
sino únicamente a su quiralidad.
La componente de quiralidad izquierda y la de quiralidad derecha serían dos
manifestaciones de una la misma partícula con masa bien definida.
Como consecuencia, el número
leptónico dejaría de ser estrictamente conservado, abriendo la posibilidad
de procesos que lo violen.
Mecanismo seesaw y neutrinos de tipo Majorana.
En muchos modelos
teóricos más allá del modelo estándar,
la idea de neutrinos de tipo Majorana aparece de forma natural. En
particular, entre las variantes del mecanismo
seesaw, la más aceptada – denominada seesaw
tipo I – propone que, además de los neutrinos
ligeros observados experimentalmente, surgen estados de masa muy pesados, uno por cada familia leptónica. Tanto
los neutrinos ligeros como los muy pesados corresponden a la misma entidad de tipo Majorana.
Este
mecanismo se caracteriza por:
Tres estados de
sabor (electrónico, muónico y tauónico), definidos por la forma en que
participan en la interacción débil. Ya
hemos visto que son los estados en los que los neutrinos se producen y se
detectan.
La partícula única
posee componentes de quiralidad izquierda y derecha, y el número
leptónico deja de ser estrictamente conservado.
Tres estados de masa
ligeros (𝝊1, 𝝊2 y 𝝊3) en superposición
cuántica, responsables de las oscilaciones
de neutrinos.
Tres estados de masa
muy pesados (N1, N2 y N3), formados
principalmente por componentes de quiralidad
derecha que no participan en la interacción débil. Su mezcla con los
estados de sabor ligeros es extremadamente pequeña, lo que explica por qué no
se han observado directamente.
Cada estado de sabor se produce y se detecta
como superposición de los tres estados de
masa ligeros, mientras que los estados de masa pesados permanecen
prácticamente inactivos en procesos de baja energía.
Más allá
del sector leptónico, otras extensiones del modelo estándar también predicen partículas de tipo Majorana. En
teorías supersimétricas, por ejemplo, el neutralino, candidato a materia oscura, y el gluino,
compañero supersimétrico del gluón, son ejemplos de partículas que podrían
poseer naturaleza de Majorana.
La
posible naturaleza de Majorana del neutrino
no es solo una cuestión teórica: su confirmación experimental tendría profundas
consecuencias para la física de partículas, la cosmología y la comprensión del
origen de la asimetría entre materia y antimateria en el universo.
La desintegración doble beta.
Como vimos en el
capítulo La teoría electrodébil, la desintegración beta menos (β–) es un proceso en el que
un neutrón libre (n) se convierte en un protón (p), emitiendo un electrón
(e–)
y un antineutrino electrónico (‾𝝊𝒆). Este proceso también
se denomina desintegración beta simple.
En términos del número leptónico, al inicio del proceso L = 0, (protón y neutrón tienen L = 0)
y al final también L = 0, ya que el electrón aporta L = +1 y el antineutrino L =
-1.
En
algunos núcleos atómicos, la desintegración
beta simple no es energéticamente posible. Sin embargo, puede ocurrir un
proceso de segundo orden llamado desintegración doble beta, en el que
dos neutrones del núcleo se transforman simultáneamente en dos protones,
emitiendo dos electrones y dos antineutrinos
electrónicos (‾𝝊𝒆). En este caso, el
número leptónico total también se conserva: L = 0 al inicio y L = 0
al final.
Este
proceso, conocido como desintegración doble beta con neutrinos, está
permitido dentro del modelo estándar
y ha sido observado experimentalmente en varios núcleos, como 76Ge o
136Xe.
El
experimento verdaderamente revolucionario sería la desintegración doble beta
sin neutrinos, en la que solo se
emiten los dos electrones, sin
ningún neutrino. Para que este proceso sea posible, el neutrino debe ser una partícula de Majorana, es decir,
idéntica a su propia antipartícula. En ese caso, los dos neutrinos que se generarían en el proceso se aniquilan entre sí
inmediatamente.
Las
consecuencias físicas de este fenómeno serían:
Violación del número
leptónico total:
el número leptónico inicial es L = 0, mientras que el final sería L =
+2 por los dos electrones.
Imposibilidad si los
neutrinos son fermiones de Dirac.
Requisito de masa
distinta de cero:
los neutrinos deben masa para que el
proceso ocurra.
La observación de la desintegración doble beta
sin neutrinos
proporcionaría evidencia directa de varios aspectos fundamentales:
Confirmaría que el neutrino
es una partícula de Majorana.
Demostraría la violación
del número leptónico, un fenómeno ausente en el modelo estándar mínimo.
Respaldaría escenarios
teóricos como el mecanismo seesaw y la leptogénesis, relacionados
con el origen de la materia en el universo.
Abriría una ventana hacia nueva física más allá
del modelo estándar.
Hasta la
fecha, la desintegración doble beta sin
neutrinos no ha sido observada,
pero su detección sería uno de los hitos más profundos en la física de
partículas moderna, capaz de transformar nuestra comprensión de los neutrinos y de la asimetría
materia–antimateria en el cosmos.
La leptogénesis.
Como vimos en el
capítulo dedicado a la antimateria,
la existencia de una asimetría entre
materia y antimateria en el universo es uno de los grandes enigmas de la
cosmología, y los neutrinos podrían
desempeñar un papel clave en su explicación.
Entre los
mecanismos teóricos que cumplen las condiciones
de Sakharov, uno de los más plausibles es la leptogénesis. En este
escenario, en el universo temprano, los neutrinos pesados de tipo Majorana
se desintegrarían de manera asimétrica, violando tanto la conservación de B−L como la simetría
CP, lo que generaría un exceso de leptones sobre antileptones.
Posteriormente,
esta asimetría leptónica puede convertirse parcialmente en una asimetría bariónica mediante los
llamados esfalerones. Los esfalerones
no son partículas, sino configuraciones
de campo de alta energía dentro de la teoría electrodébil que actúan
como “puentes” entre el número leptónico y el número bariónico.
Los esfalerones permiten que ciertos
procesos, que normalmente estarían prohibidos por la conservación de B−L a bajas energías, ocurran cuando las
condiciones son extremas, como en los primeros instantes del universo. De este
modo, parte del exceso de leptones generado por la desintegración de neutrinos de Majorana se convierte en un exceso equivalente de
bariones, dando lugar finalmente al predominio de materia sobre antimateria que observamos en el
universo actual.
La detección y los experimentos con neutrinos.
Los neutrinos se producen de forma natural
en numerosas fuentes: en el interior del Sol, en la atmósfera terrestre por la
interacción de los rayos cósmicos, en supernovas y en el interior de la Tierra
debido a la radiactividad natural.
También
se generan artificialmente en reactores nucleares y aceleradores de partículas.
Para
detectarlos, se utilizan grandes detectores
situados bajo tierra o bajo el hielo, donde la protección contra la
radiación de fondo permite registrar incluso las interacciones más raras.
Experimentos históricos y actuales, como Super-Kamiokande, SNO, KamLAND o
IceCube, han sido decisivos para confirmar la existencia de oscilaciones, medir diferencias de masa y explorar
propiedades fundamentales de los neutrinos.
El papel de los neutrinos en la física actual.
Los neutrinos, partículas casi
indetectables pero omnipresentes, constituyen una ventana privilegiada hacia
nueva física. Su masa extremadamente pequeña, su posible naturaleza de
Majorana y su relación con escalas de energía muy altas los convierten en candidatos
esenciales para probar teorías que van más allá del modelo estándar, como
las teorías de gran unificación.
Además,
debido a su débil interacción con la materia, los neutrinos actúan como mensajeros únicos de regiones inaccesibles
del universo, proporcionando información directa sobre procesos
astrofísicos y cosmológicos extremos, desde el interior del Sol hasta
explosiones de supernovas o núcleos galácticos activos.

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